sábado, 9 de diciembre de 2017

Aire fresco

Te cuesta respirar y te duele
el mundo:
él te atraviesa y tú vibras según las corrientes del Averno o
del Invierno
o
de todos los lares enfurecidos que de repente han decidido que el mundo no es tu casa,
que apenas estás de alquiler de tus días
que tu piel no es tu piel
sino el forro de tus días.

Entonces, de repente,
viajas más allá de ti misma
y no esperas sobrevivir a la madrugada de las horas en blanco,
pero la vida es un viaje
del que siempre vuelves antes de apearte.
Somos todos tan superiores
y tan grandes y tan
enorme-
mente
brillantes que
la vida se nos queda pequeña y soñamos
con romper los límites
mientras quizá
lo único que vale la pena es ese temblor de ojos húmedos
ante lo que de verdad importa: estar aquí, ser aquí.

En el trayecto, sueltas lastre:
la autocompasión, el fuego de la ira, el hielo de la ida
hacia esa zona en la que ya no eres más
que el puro anhelo de
aire fresco.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Tiempo

A veces
se me pierden los días
en una bocanada de humo distraído
y eres tú,
esa que te mira estupefacta porque aún estás viva
-cuando todo el mundo sabe lo difícil que es eso-,
esa que sabe que mañana es una frontera extraña que siempre huye hacia el horizonte.

Estás aquí. Ahora.
Otros vuelan en pos de sus sueños y tú
apenas sirves para aferrarte a sus filos imposibles,
pero sonríes porque, en el fondo,
no puedes ser nadie más que tú misma:
esa que pierde el tiempo
en recovecos de días transmitidos en redes,
en telarañas de historias
que te atrapan,
pero es tan hermoso ver la vida en los ojos de los otros
sabiendo que todos vivimos en el mismo cielo
de inmensas preguntas
-esas enormes preguntas que nunca te llevan a ninguna parte, salvo a ti misma,
en este instante en el que intentas sentirte
radical 
y viva-.

Y es por eso que
aquí
ahora
estás escribiendo esto:
porque no conoces mejor manera de aprovechar el tiempo
que perderlo
en una hilera de palabras
como esta que,
por un momento,
han salvado tu mundo
de caer en el olvido
brumoso de quien se quiere bien,
se quiere eterna
se quiere
grano de arena en el desierto de los días,
ojos que beben negruras de quicios de horas
en las que
quizás
a veces
creen que no hay horizonte
ni mañana
ni ahoras;
aquellas horas que huyen detrás del tormento de los relojes angustiados
con el resquemor de la culpa impuesta por otros que comercian con tu mente
que lucha con los barrotes de los minutos perdidos en el desván de los sueños escondidos
porque,
como ya sabemos,
el tiempo es eso que pasa
cuando perdemos el tiempo.


martes, 5 de septiembre de 2017

Pestaña

A un minuto de pasar al otro lado del día,
descubres
que se te cae una pestaña como los tiempos cambian de piel,
como las serpientes cambian de año.
Pasa el tiempo, sí. Eres la pura hojarasca.
Te deshaces
Te desvaneces en tu propia humanidad
-esa que te avisa de que este cuento se acaba en algún momento-,
pero sabes que tienes una carta clara
para navegar,
una sola carta
en este juego:
luchar
contra la corriente marina de todas tus decepciones,
de tus abulias y tus días en blanco,
de tus miedos y tus roces
con el pequeño huracán
que cada día amenaza los bordes
de tu pequeña taza de café matutino,
ese barco en el que te zambulles sin pensar demasiado
y sin pisar demasiado
las losas
futuras
de tus
días
contados.