martes, 5 de septiembre de 2017

Pestaña

A un minuto de pasar al otro lado del día,
descubres
que se te cae una pestaña como los tiempos cambian de piel,
como las serpientes cambian de año.
Pasa el tiempo, sí. Eres la pura hojarasca.
Te deshaces
Te desvaneces en tu propia humanidad
-esa que te avisa de que este cuento se acaba en algún momento-,
pero sabes que tienes una carta clara
para navegar,
una sola carta
en este juego:
luchar
contra la corriente marina de todas tus decepciones,
de tus abulias y tus días en blanco,
de tus miedos y tus roces
con el pequeño huracán
que cada día amenaza los bordes
de tu pequeña taza de café matutino,
ese barco en el que te zambulles sin pensar demasiado
y sin pisar demasiado
las losas
futuras
de tus
días
contados.

lunes, 14 de agosto de 2017

Vacaciones

Nunca sabrás si estar vivo es desconectar
de ese otro yo que te consume las horas
y consuma tus sueños.
Nunca sabrás
-salvo por ese escozor de los días que pasan-
hasta qué punto vivir
es vivir a la intemperie,
ayunar los miedos,
comer ese trozo de calle en tus esperanzas
que a veces se retuercen.

Solo si de vez en cuando te das vacaciones
de ese que eres tú desde el ala de las preguntas
podrás tener algunas respuestas.
No es importante, claro.
Las respuestas no son los hilos
que devana la mano que teje
la suerte con alevosía.
Las respuestas son el horizonte que nunca se alcanza:
lo que hace el camino.

Por eso, cuando des el primer paso hacia ese otro que eres tú
-en otro lugar, en otro tiempo-,
recuerda que estar vivo se parece a ese vértigo de no saber
hacia dónde te llevan
las horas
los sueños
los miedos
las preguntas
y los versos que cavamos
más allá de las certezas,
más acá de la quimera de las frases impuestas
por aquellos que,
en su trono de respuestas,
imaginan darnos forma
para construir
sus propias vidas.

jueves, 29 de junio de 2017

Día ineficiente

A veces se dobla el día como las esquinas:
te espera ahí, con las uñas escondidas,
esperando a que te descuides y pierdas
tus segundos
tus pequeños milímetros de alma a solas.

El mundo está hecho
de pequeños instantes en los que
-dicen-
debes dar algo a cambio
por ocupar un centímetro de vida.
Pero a veces sucede que te cansas
porque eso es ser humana:
no rendir al doscientos por cien en un micromilímetro por segundo.
Así que a veces te duermes por los aleros de tu vida
se te congela el afán de murciélago que vuela de noche a pesar de todos los días
y te expandes en ese espacio en el que eres tú sin atributos
sin horas
sin prisas
sin apenas movimiento.
Descansas. Respiras.
Decides no matar
al duende de las horas
y pones un día ineficiente en el camino:
un día en el que pierdes
algo de recorrido
para recuperar el aliento del tiempo
y el afán de volar
más allá del vuelo rasante
más allá de las esquinas
que se doblan
y te asaltan
para que puedas parar
a recoger los pequeños pedazos
de tu alma compartida.