lunes, 14 de agosto de 2017

Vacaciones

Nunca sabrás si estar vivo es desconectar
de ese otro yo que te consume las horas
y consuma tus sueños.
Nunca sabrás
-salvo por ese escozor de los días que pasan-
hasta qué punto vivir
es vivir a la intemperie,
ayunar los miedos,
comer ese trozo de calle en tus esperanzas
que a veces se retuercen.

Solo si de vez en cuando te das vacaciones
de ese que eres tú desde el ala de las preguntas
podrás tener algunas respuestas.
No es importante, claro.
Las respuestas no son los hilos
que devana la mano que teje
la suerte con alevosía.
Las respuestas son el horizonte que nunca se alcanza:
lo que hace el camino.

Por eso, cuando des el primer paso hacia ese otro que eres tú
-en otro lugar, en otro tiempo-,
recuerda que estar vivo se parece a ese vértigo de no saber
hacia dónde te llevan
las horas
los sueños
los miedos
las preguntas
y los versos que cavamos
más allá de las certezas,
más acá de la quimera de las frases impuestas
por aquellos que,
en su trono de respuestas,
imaginan darnos forma
para construir
sus propias vidas.

jueves, 29 de junio de 2017

Día ineficiente

A veces se dobla el día como las esquinas:
te espera ahí, con las uñas escondidas,
esperando a que te descuides y pierdas
tus segundos
tus pequeños milímetros de alma a solas.

El mundo está hecho
de pequeños instantes en los que
-dicen-
debes dar algo a cambio
por ocupar un centímetro de vida.
Pero a veces sucede que te cansas
porque eso es ser humana:
no rendir al doscientos por cien en un micromilímetro por segundo.
Así que a veces te duermes por los aleros de tu vida
se te congela el afán de murciélago que vuela de noche a pesar de todos los días
y te expandes en ese espacio en el que eres tú sin atributos
sin horas
sin prisas
sin apenas movimiento.
Descansas. Respiras.
Decides no matar
al duende de las horas
y pones un día ineficiente en el camino:
un día en el que pierdes
algo de recorrido
para recuperar el aliento del tiempo
y el afán de volar
más allá del vuelo rasante
más allá de las esquinas
que se doblan
y te asaltan
para que puedas parar
a recoger los pequeños pedazos
de tu alma compartida.

jueves, 25 de mayo de 2017

Cápsulas

El Mundo te pregunta qué piensas y tú
te devanas los sesos a solas
como la madeja de neuronas que se tejen alrededor de los días en vano.

Te preguntas por qué el Mundo te pregunta
y piensas que, en verdad, debería ser en qué
y tú
responderías:
pienso en barcos
en aviones
en mentes
en blanco
en flores
que 
se abren
se cierran

Pero él pregunta QUÉ.
Tú quieres responder dónde viajan tus ideas.
En instantes como este:
túrgidos,
famélicos,
mesméricos,
hipnóticos,
eléctricos.

Son instantes que se tensan y arquean el lomo como un gato de ojos grandes
y verdes
y lejanos
que te atraviesan más allá de la conciencia.
Son momentos que tienen los ojos de un perro cariñoso:
húmedos, esféricos, lumínicos.
En espera.
Son cápsulas del tiempo.

En realidad
da igual lo que pienses:
lo importante es cómo y dónde y adónde viajan tus ideas.
El contenido se altera con el tiempo.
Lo que de verdad importa es dónde metes todo ese manojo de nervios
-quiero decir... de ideas-
que pugna por vivir en algún sitio. 

Mientras, en el mundo de fuera
-el pequeño, el que te nutre-
vas nadando entre horas y aprendes nuevos estilos
porque es importante sobrevivir
a las fieras
que aguzan el oído de sus garras
que te esperan
y te arañan
te desgarran
si por casualidad se te ocurre
pararte a pensar
en qué piensas.