Sabes que estás mal cuando las nubes de tormenta no pasan
y no hay calma antes ni después.
Los comentarios ácidos, los ojos asesinos,
los trenes que
inadvertidamente
juegan al pasapalabra contigo:
es un momento, pero es para siempre.
Algo se rompe,
algo detona la mínima membrana que separa
la felicidad de la lucidez
y despiertas a este mundo en el que
nada de lo que era cierto existe
y solo se queda el reflujo de las horas avinagradas.
e.e. ya no está.
Desapareció hace tiempo.
Ya no me da la mano ni me lleva a volar.
Nunca fue Superman, pero era un hermoso
viento de primavera.
Y ahora ya no está
aunque siga viviendo en la vida de al lado.
Es solo que
tantas lágrimas inútiles se vertieron
que el mar del olvido no abarca
y las nubes siguen pesando
y no pasan.
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