jueves, 29 de junio de 2017

Día ineficiente

A veces se dobla el día como las esquinas:
te espera ahí, con las uñas escondidas,
esperando a que te descuides y pierdas
tus segundos
tus pequeños milímetros de alma a solas.

El mundo está hecho
de pequeños instantes en los que
-dicen-
debes dar algo a cambio
por ocupar un centímetro de vida.
Pero a veces sucede que te cansas
porque eso es ser humana:
no rendir al doscientos por cien en un micromilímetro por segundo.
Así que a veces te duermes por los aleros de tu vida
se te congela el afán de murciélago que vuela de noche a pesar de todos los días
y te expandes en ese espacio en el que eres tú sin atributos
sin horas
sin prisas
sin apenas movimiento.
Descansas. Respiras.
Decides no matar
al duende de las horas
y pones un día ineficiente en el camino:
un día en el que pierdes
algo de recorrido
para recuperar el aliento del tiempo
y el afán de volar
más allá del vuelo rasante
más allá de las esquinas
que se doblan
y te asaltan
para que puedas parar
a recoger los pequeños pedazos
de tu alma compartida.

jueves, 25 de mayo de 2017

Cápsulas

El Mundo te pregunta qué piensas y tú
te devanas los sesos a solas
como la madeja de neuronas que se tejen alrededor de los días en vano.

Te preguntas por qué el Mundo te pregunta
y piensas que, en verdad, debería ser en qué
y tú
responderías:
pienso en barcos
en aviones
en mentes
en blanco
en flores
que 
se abren
se cierran

Pero él pregunta QUÉ.
Tú quieres responder dónde viajan tus ideas.
En instantes como este:
túrgidos,
famélicos,
mesméricos,
hipnóticos,
eléctricos.

Son instantes que se tensan y arquean el lomo como un gato de ojos grandes
y verdes
y lejanos
que te atraviesan más allá de la conciencia.
Son momentos que tienen los ojos de un perro cariñoso:
húmedos, esféricos, lumínicos.
En espera.
Son cápsulas del tiempo.

En realidad
da igual lo que pienses:
lo importante es cómo y dónde y adónde viajan tus ideas.
El contenido se altera con el tiempo.
Lo que de verdad importa es dónde metes todo ese manojo de nervios
-quiero decir... de ideas-
que pugna por vivir en algún sitio. 

Mientras, en el mundo de fuera
-el pequeño, el que te nutre-
vas nadando entre horas y aprendes nuevos estilos
porque es importante sobrevivir
a las fieras
que aguzan el oído de sus garras
que te esperan
y te arañan
te desgarran
si por casualidad se te ocurre
pararte a pensar
en qué piensas.

viernes, 12 de mayo de 2017

Piratas del tiempo



Más Allá
de este horizonte de aguas,
las horas navegan
hacia la libertad.

Vivimos en el margen del instante
donde yo empiezo a ser tú
donde tú ya eres yo:
Buenos Amigos.

Surcamos los mares del Tiempo
asaltando navíos de días
firmando con risas y sales
de lágrimas compartidas
el Tratado de Vida.
Porque de eso se trata:
de asaltar horizontes
       aprendidos
de romper el límite
de escapar a nuestras necesidades,
que nos asaltan como algas asesinas.

Construyamos pues,
con el Ancla del Deseo
de ir Más Allá
       Más Adentro,
los confines de nuestra Amistad,
libre de dragones y espinas,
regada de pétalos rojos
de sangre nueva
que palpita
al son del corazón
de un Nuevo Mundo.


(Poema leído el 23 de abril de 2017, Día de Sant Jordi, junto a la Banda Municipal de Lleida. Es el resultado de unir la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak y One Piece. Dedicado a mis amigos y a los alumnos -también amigos- que me inspiraron para crear el texto: Martí Buixadera, Miquel Rodríguez y Joana Antonin)

jueves, 13 de abril de 2017

Losas

Se te levantan las venas
de tanto pensar
qué deberías hacer
qué has hecho.

Es un camino largo
este que se tensa hasta el límite
de tu cuerpo de esperanzas,
ese montón de caminos posibles que sueñas
mientras tus pies se cubren del polvo
de los días vividos.
A veces suenas
a campana destemplada,
a tañer de muertos.
Pero otras
-como esta-
te levantas
te frotas los ojos
                           del alma
y aprendes,
una vez más,
a volar.

lunes, 27 de marzo de 2017

Tu máscara

Contraes los labios y esbozas
la sonrisa de los días cansados.
Llegas tarde a algún sitio. Siempre.
Resulta que por el camino
alguien te hizo daño
tú hiciste daño.

Somos las muecas perdidas de todas las vidas en vano
de los corazones rotos
de las creencias
y las dudas
de las esperanzas hundidas
en la arcilla
de los días que siempre se parecen demasiado.

La vida es un Gran Teatro, dicen,
pero todos pagamos por ella
el precio de los pasos confundidos
el dolor de pies cansados
la mirada que sabe que detrás de la mano va el puñal
o la indiferencia.

Tras los huecos de los ojos asoman las verdades
las bárbaras y tontas verdades
con las que llenamos nuestros días
diciendo que mañana será otro día
que este no ha sido en vano
cuando, en verdad,
somos aquel payaso que lucha contra la fuerza de la gravedad:
esa que nos arrastra por las esquinas de la duda
por las esquirlas de los deseos perdidos
en el callejón de cualquier escenario.

No tenemos luz cenital.
Si acaso, vamos desorientados tras la linterna
de aquel a quien creemos que nos salva
de nosotros mismos.
Y aprendemos a actuar.
Cada día. Cada vida.
Solo para olvidar
que si subes a escena ya no bajas igual
y que,
si te bajas, nunca te aplauden lo suficiente
ni te ven
ni te abuchean.
Eres solo ese pellejo que espera ser alguien cuando atraviese la puerta
del teatro
al acabar la función.
Eres tu máscara.
Esa que, de tanto fingir, se te ha pegado a la piel
y ahora lucha por darte
ese toque de verdad
que de mentira buscamos
cuando empieza la función.

sábado, 11 de febrero de 2017

Animal al acecho

Hazte cargo:
en cualquier momento puede caerte del cielo una palabra
y fulminarte a escondidas, sin saberlo,
bordeando el hielo mutante del tiempo presente,
añadiendo más nada a la nada.
Para seguir el camino que se tiende
entre los principios y los finales
tienen que diluviar palabras,
palabras que te enfanguen en el mundo
y sus andurriales,
en ese recoveco en el que por casualidad
a veces eres tú y a veces nadie.

El camino es largo, sé consciente.
A veces se convierte en desierto.
Atraviesas arenas,
te abrasas los pies
-de versos, de páginas, de besos-,
te abrazas a las últimas preguntas.
Esto es vivir, en suma
de letras
y restos de olvido.
Esto es vivir:
doblar la página y colgarte de tus musarañas.
Las musas,
las arañas:
esas fieras que te persiguen cuando el día se dobla
(como las páginas)
y te abate la ira
o la vida
o la ida
que alienta
este tenso
y cálido
momento.